7 de diciembre de 2009

Carta # 10

Ya no sé ni que día es…

Desde que te fuiste el tiempo ya no existe. La irrealidad de un amor sincero ha sido tan fugaz como el sabor de un buen cigarro entre mis labios. La esperanza perdida ha vuelto entre pesadillas, sueños llenos de obscuridad, de dolor y soledad. Ahora la única calidez que encuentro está escondida entre estos versos, que me ayudan a no estar tan perdida. Al menos es aquí donde encuentro un poco de cordura… o tal vez dulce locura en la que cada día caigo por tu maldita culpa.

He perdido la cuenta de los cigarros que he fumado, de las botellas de vino, que por brindar por ti, me he acabado, de los días que no he dormido, de las horas de ansiedad que he pasado por no estar a tu lado, de los besos que no me has dado, de las palabras que te he regalado, he perdido la cuenta de las lagrimas que por ti he derramado.

Ya no sé ni que día es… si es de mañana, o si es de noche..

3 de diciembre de 2009

23 de noviembre de 2009

Querido diario:

Después de dejar pasar tanto tiempo, por fin vuelvo a escribir en tus páginas. Tal vez pienses que sólo escribo en ti cuando me siento mal… me disculpo por ello. También creerás que me alejé de ti un tiempo por sentirme en bienestar… pues te equivocas, lo que pasa es que no sabía cómo expresar lo que siento.

Hace unos días, volvía a buscarla. Era de noche, casi no llevaba dinero, y tenía miedo. Miedo de la oscuridad en las calles, miedo de la gente que no conocía, miedo de mi soledad, de estar ahí, sin ella. Desesperadamente corría a su encuentro, sin la mínima garantía de verla. De repente me vi, solo, desesperado, sin conciencia de mis propios actos. ¿Qué es lo que hacía ahí? Entonces, un suave golpeteo del frío viento nocturno me hizo entrar en razón; me dijo que no debía estar ahí.

Incluso hoy no encuentro la razón clara de por qué me arriesgué tanto por buscarla, aun sin estar seguro de encontrarla; y aun si la hubiera encontrado, ¿le hubiera hablado siquiera?, ¿tenía algún objetivo verla? Creo que comprenderás cuan desesperado me sentía.

Mis sentimientos aun no son claros.

Entonces, reaccioné y regresé a mi casa lo más pronto que pude; de nuevo, al llegar, nadie se percató de mi presencia, así que fui a mi cuarto, anhelando dormir y poder soñar qué hubiera pasado si la hubiera encontrado. Sí, los sueños, el único mundo en el que puedo estar seguro. En fin, esto no es un sueño, es desafortunadamente la realidad, según Platón una inexacta copia de lo que debería ser, pero… ¿qué debería ser? Aun no lo sé, espero que mis sueños algún día me lo digan.

Aldo

2 de diciembre de 2009

02 de diciembre de 2009

Querido diario

Acabo de leer el último de mis secretos escritos aquí y aun no creo que, aunque ya haya pasado más de un mes, me siga sintiendo igual de perdida, confundida y con el mismo miedo de ese entonces. Tal parece que mi alma se niega a dejarle ir, si… a él. Pensaras que soy una tonta, una loca de amor sin remedio… y creo que si, lo soy.

Tonto, tonto corazón enamorado que me cargo, pero bueno… ¿Qué se le va a hacer? Aun si me dijeran que tendría la oportunidad de cambiar este corazón tan enamorado y destrozado, no lo aceptaría jamás, pues lo que el me hizo sentir, juro que nunca jamás nadie me lo hará sentir de nuevo, y aun así con el dolor que me causa recordar, prefiero morir desangrada y con mal de amor a vivir sin el recuerdo de su amor.

Si, soy una tonta, lo se y no me importa, lo amo y siempre lo amare.

30 de noviembre de 2009

Carta # 14

Bien es cierto lo que dicen, no se puede tapar el sol con un dedo y tampoco curar un corazón tan roto como el mío con un simple lo siento.

Esta tarde, mientras escribía bajo la sombra de un árbol que lentamente moría, note una presencia extraña, pero conocida, no le di mucha importancia, total… no esperaba a nadie más que a la muerte.

Entonces el viento entonó esa melodía que tanto me cantabas, esa melodía que aun me hace perder la razón, que me hace sentir amor y dolor… Deje de escribir, intentando desesperadamente no pensar en ti, pero ya era demasiado tarde. La melodía cargaba consigo tu aroma y tu recuerdo de nuevo hacia mí.

El viento era traicionero esta vez.

Una brisa cálida me recorrió el cuerpo. Alcé la vista hacia el cielo solo para verte ahí, tan tranquilo como siempre, con esa sonrisa sarcástica pintada en tu rostro, y me veías.

Posé la vista en tus manos que formaban puños, puños que temblaban ligeramente del esfuerzo que hacías al apretarlos. Me pregunto si estabas enojado.

Recorrí la mirada lentamente por tu rostro, intentando encontrar a esa persona que tanto ame. De pronto, tu mirada choco con la mía. Quise desviar la mirada, pero algo mas fuerte me lo impedía.

Te acercaste lentamente, dejaste descansar tus manos sobre mi rostro y me besaste. Yo, cerré los ojos, pensando tontamente que así haría que ese beso durara eternamente. Cuando los abrí de nuevo, tú ya no estabas.

El viento me abrazó y me dedicó un último adiós en tu nombre, un último silencio, un último perdón.

Bajando la vista hacia mi cuaderno note que la tinta negra se corría, parecía que las palabras lloraban… estaba equivocada. Lentamente acerque las manos a mis ojos y me di cuenta de que era yo la que lloraba.

29 de noviembre de 2009

Desesperación


Bajo mi alma se encuentra
cada dolor y pena enterrada.
Pero mi alma ya no es alma;
sólo un pedazo de fe que me sobraba.

Esa fe está encerrada,
cubierta sólo de tristeza.
Busca salir desesperada
a este mundo vanal y sin esencia.